Por qué todas las discotecas huelen igual
Entras con los ojos cerrados y sabes dónde estás
Hay un olor de discoteca. No es el de un local concreto: es el de todos. Puedes entrar en una sala de Malasaña, en una macrodiscoteca de la Ermita del Santo o en un club de Chueca, y hay una capa de fondo que es exactamente la misma.
Es tan reconocible que funciona como una máquina del tiempo. Mucha gente que hace años que no sale identifica ese olor al instante y le devuelve una noche concreta de hace quince años.
En Dark Image llevamos más de ocho años entrando y saliendo de salas de Madrid, y ese olor es lo primero que te dice que has llegado al trabajo. Esto es lo que lo compone.
El humo: glicerina caliente
El ingrediente principal no es el alcohol ni el sudor. Es la máquina de humo.
El líquido que usan la mayoría de las máquinas está hecho a base de glicerina o glicol vegetal mezclado con agua. La máquina lo calienta y lo expulsa vaporizado, y al enfriarse forma esas partículas en suspensión que hacen visibles los haces de luz.
Ese vapor tiene un olor dulzón muy característico, ligeramente azucarado. Es el que se te queda en la chaqueta y el que sigue ahí tres días después si no la lavas.
Como casi todas las salas compran líquidos parecidos a los mismos distribuidores, el resultado es que el olor base de la mayoría de los clubes es prácticamente idéntico. El denominador común de la noche es un líquido industrial.
El suelo: limpiasuelos de la mañana anterior
La segunda capa viene de la limpieza. Los locales grandes se friegan con productos industriales de perfume muy marcado, casi siempre en la familia del pino, el limón o algún floral agresivo.
Ese producto no desaparece: se queda en el suelo, en las juntas y en la moqueta si la hay. Cuando la sala se calienta con gente dentro, vuelve a evaporarse y sube.
Por eso el olor de una sala a las once de la noche —recién abierta, todavía vacía— es mucho más a limpieza que a fiesta. Es la única hora en la que el limpiasuelos gana.
El alcohol derramado, que no es lo que crees
Aquí hay un matiz. Lo que huele no es tanto el alcohol como el azúcar.
Lo que acaba en el suelo de una discoteca es sobre todo refresco: cola, tónica, zumos, siropes. El alcohol se evapora rápido; el azúcar no. Se queda pegado, se seca y forma esa capa levemente pringosa que hace que las suelas suenen.
Ese azúcar seco fermenta ligeramente a lo largo de la noche con el calor. Es responsable del fondo agridulce que se nota sobre todo cerca de la barra.
El calor y la gente
Una sala con seiscientas personas dentro es un sistema térmico. La temperatura sube varios grados respecto a la calle aunque el aire acondicionado esté a tope, y con ella suben todos los olores.
Ahí entra el perfume, que en las primeras horas es dominante. Antes de la una, buena parte de lo que hueles en una pista es colonia recién puesta de trescientas personas mezclada en el mismo metro cúbico.
A partir de las dos, el perfume ha perdido y toma el relevo el sudor. No es desagradable a esa temperatura y con ese ambiente, pero es la capa que más cambia entre el principio y el final de la noche.
Y está el aire acondicionado, que sopla aire frío sobre gente caliente y genera una sensación particular: te enfrías por fuera mientras el ambiente sigue cargado.
Los baños, capítulo aparte
Los baños de discoteca tienen su propio perfil olfativo, dominado por ambientadores automáticos muy potentes que se disparan cada pocos minutos.
Son productos elegidos para tapar, no para oler bien. Suelen ser florales sintéticos de gran intensidad, y su función es enmascarar. Es el olor más artificial de toda la sala y el que menos varía entre locales.
Por qué esto le importa a una cámara
Parece un artículo sobre el olfato y en realidad tiene consecuencias directas sobre las imágenes.
El humo es luz
Sin humo, un haz de luz no se ve: solo ves lo que ilumina. Con humo, el haz existe como objeto en el encuadre. Todas esas fotos de rayos de color cruzando la sala dependen de que la máquina esté funcionando.
Por eso, en una sesión en una sala, lo primero que se pregunta es si la máquina tiene líquido. Una sala sin humo es una sala mucho más difícil de fotografiar de forma interesante.
Pero el humo también quita contraste
El exceso de humo dispersa la luz y aplana la imagen. Las caras pierden definición y todo se vuelve lechoso, sobre todo si además disparas con flash: la luz rebota en las partículas y te devuelve una niebla blanca.
El punto óptimo está en el medio, y varía a lo largo de la noche. A las cuatro de la mañana la densidad suele ser la ideal; a las cinco, si la máquina ha estado a tope, ya es demasiada.
Y todo eso entra en el equipo
La glicerina se deposita. En los objetivos, en los sensores, en los contactos. Una noche de trabajo en una sala con humo deja una película fina sobre el cristal frontal que hay que limpiar antes de la siguiente.
Es una de las razones por las que el equipo que se usa en nightlife se degrada más rápido que el mismo equipo usado en exteriores.
Cómo trabajamos en Dark Image
En Dark Image llevamos más de ocho años trabajando dentro de salas de Madrid, con su humo, su calor y su glicerina. Conocemos las condiciones reales de un club porque las pisamos cada semana, no porque las hayamos leído.
Cubrimos discotecas de forma recurrente y eventos puntuales, cuidando la luz y el ambiente que hacen que una sala se reconozca en sus propias fotos. Puedes ver ejemplos en nuestro portfolio o consultar cómo funciona la cobertura de discotecas.
Preguntas frecuentes
¿De qué está hecho el humo de las discotecas?
De una mezcla de agua con glicerina o glicol vegetal que la máquina calienta y vaporiza. Es lo que produce el olor dulzón característico y lo que hace visibles los haces de luz.
¿Por qué se queda el olor en la ropa?
Porque las partículas de glicerina se depositan sobre los tejidos y no se evaporan como el alcohol. Es un residuo graso muy fino que necesita lavado para desaparecer del todo.
¿Es necesario el humo para hacer buenas fotos en una sala?
No es imprescindible, pero ayuda mucho. Sin humo los focos iluminan sin verse; con humo el haz forma parte de la imagen. Una densidad media es lo ideal: demasiado humo aplana el contraste.
¿El humo daña el equipo fotográfico?
Deja una película de glicerina sobre objetivos y cuerpos que conviene limpiar después de cada noche. No es un daño inmediato, pero acorta la vida del material si se acumula.
¿Puede una sala reducir ese olor?
En parte, con líquidos de mejor calidad, buena ventilación y productos de limpieza menos perfumados. Eliminarlo del todo no es realista: es una consecuencia directa de cómo funciona un club.
¿Tienes un evento?
Producción audiovisual profesional para el ocio nocturno de Madrid. Hablemos de tu proyecto.
Contactar